Vuelvo a tener manos
Vuelvo a tener manos. Las del principio, las de asesina. Las
recordaba más pequeñas. Están casi nuevas. No se les marcan las venas. Todavía.
Primer recuerdo recuperado: Me daban mucha grima las venas
de la Hermana Nieve cuando me enseñaba a bordar. Yo cerraba los ojos y ella me
daba golpecitos con el anillo de búho que le confiscó a una niña albina del
hogar cuna, que tenía poderes.
-Aquí, no -dijo la monja.
La Hermana Nieve lo tenía todo para quedarse a vivir en mi
memoria: pelos en la papada, espuma blanca en las comisuras de su boca caída,
un anillo de búho, y las venas marcadas en las manos, como raíces. Hablaba
francés. No la iba a olvidar.
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